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Reflexiones post-Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, CAF 2026

Por: José Fernando Gómez
Director ejecutivo CREER

Tuve la oportunidad de asistir al Foro de la CAF 2026, recientemente celebrado en la Ciudad de Panamá. Luego de tanta información post Foro de Davos, el evento de la CAF significaba el turno para América Latina. La ubicación geográfica de este evento tuvo quizás la intención de simbolizar la importancia de llegar a puntos de encuentro en un mundo dividido y multipolar.  

Con cifras récord de convocatoria y participación, representadas en más de 4000 asistentes y 50 paneles de debate, así como la presencia de importantes personalidades, este foro evidenció con creces que América Latina (y el Caribe) reclaman un espacio global propio. 

Como era de esperarse, las movidas geopolíticas, la polarización y el declive democrático que se vive en numerosos países, sirvieron de contexto a un foro que nos llevó a escuchar, casi que por unanimidad, gritos de auxilio por la urgencia y la necesidad de integración regional. Como antídoto y como oportunidad. 

Al anhelo -histórico y, permanentemente, frustrado- de integración le siguieron otra serie de gritos de auxilio por parte de ponentes, panelistas y asistentes, de todos los sectores, sobre la necesidad de planear a largo plazo usando las regulaciones y políticas públicas “adecuadas”, fundamentalmente en relación con permitir inversión con reglas del juego claras y estables. Así mismo, destaqué como términos recurrentes -utilizados a lo largo del Foro- los relacionados con alianzas, redes y trabajo colaborativo. 

Un patrón de argumentación que noté también con algo de frecuencia en los paneles y presentaciones se podría resumir en “cada vez estamos más convencidos de que [X asunto] no debe confiarse a una sola persona sino que debe integrarse de manera transversal en el tejido mismo de [X organización o entidad pública]”. Esto podría replicarse bien sea en cuanto a la innovación, el uso de las tecnologías y los entornos digitales o la sostenibilidad. O en asuntos que no necesariamente escuché de manera expresa en esta ocasión, como la conducta empresarial responsable o el respeto a los derechos humanos. Atando cabos, si este patrón se repite con tanta constancia -en últimas, es lo que ocurre con los patrones-, esto supondría que hay una multiplicidad de asuntos que no pueden confiarse a una sola persona sino que deben ser parte integral del tejido de toda empresa, organización o entidad pública. El resultado no podría ser distinto a que los tiempos actuales están exigiendo un cambio radical de mentalidad. Y de formas de hacer las cosas. 

No podría ver de manera distinta el resultado de este Foro; me negaría a interpretar que el llamado a las reglas claras sea un llamado en el sentido del business as usual. Me voy esperanzado con que el llamado realmente es a dar un cambio total en la forma de hacer negocios e inversiones. 

Doy tres ejemplos concretos que me llamaron la atención: James Robinson, premio Nobel de economía en 2024, en su ponencia sobre el desequilibrio entre lo ideal y lo real, no cayó en el lugar común de decir que la solución a la informalidad laboral es la formalización laboral. Al contrario, según su planteamiento, las dinámicas sociales de América Latina son una oportunidad y son una fuente de innovación, pues los millones de personas que se encuentran en la informalidad laboral, han encontrado la manera de generar redes y de acceder a bienes donde el sector formal aún no logra llegar. En síntesis, resuelven. A su manera, pero resuelven. Desde luego ni este reconocido economista ni mucho menos yo querríamos que siga habiendo informalidad laboral; es tan solo un llamado a repensar la problemática desde las particularidades propias de la región. 

Un segundo ejemplo lo vi en la intervención del general Óscar Naranjo (Colombia) y Sergio Carrión (Ecuador), en relación con el desafío de los mercados ilegales frente a los objetivos de seguridad y desarrollo. El consenso se dio alrededor del hecho de que la inseguridad ha cambiado: con un inventario de cerca de 1200 organizaciones criminales en LatAm, la economía criminal ocupa hoy en día casi un tercio de las economías en la región, siendo los otros dos tercios la formal y la informal, con lo cual los Estados se encuentran con un competidor muy fuerte que los quiere reemplazar en los territorios. La solución a este fenómeno -que se traduce en la imposibilidad de desarrollo de proyectos estratégicos de infraestructura y energía- trasciende las capacidades individuales de las fronteras de un solo Estado. En este caso, el llamado es a repensar la estrategia de seguridad desde las particularidades propias de la región.

Finalmente, un tercer ejemplo lo vi en el panel sobre la agenda de los países del Medio Oriente en la región LatAm. Con inversiones de miles de millones de dólares, representantes de los países del Medio Oriente confirmaron que son un jugador fuerte en el escenario global y, en el caso particular de LatAm, son proveedores no solo desde el sector financiero, sino también desde infraestructura, tecnología y energía, donde ya cuentan con presencia importante en numerosos países como Surinam, Venezuela, Brasil, Uruguay, Panamá, Colombia y Chile. Así mismo, países como Catar se posicionan hoy en día como espacios seguros para la diplomacia, la mediación y los diálogos de paz en varios conflictos entre países o conflictos internos. El monopolio histórico de las grandes potencias post-Segunda Guerra Mundial se ha diluido, abriendo un espacio muy relevante de relación y alianzas Sur-Sur, más encaminadas a lo colaborativo. El llamado en este caso es a repensar la manera en la que ciertos países con capacidad económica pueden invertir en LatAm de manera innovadora.

El cambio de mentalidad al que aludo y que me llevo como voz de esperanza post-Foro CAF 2026, se relaciona con repensar la forma de hacer negocios. Y América Latina pareciera ser una incubadora ideal para que la informalidad laboral, la inseguridad generada por las economías criminales, y la inversión de países poderosos en economías emergentes en clave extractivista, sean transformados positivamente en transiciones realmente justas que beneficien a ambas partes. Al menos ya tenemos una plataforma de enorme relevancia para estos debates, como lo es la CAF. Es una noticia muy positiva.

Quizás estemos empezando a dar pasos para que los anhelos históricos de integración regional, de estabilidad jurídica, de alianzas y de visión de largo plazo se fundamenten en lo que nos ha dado problemas: nuestra inestabilidad e incertidumbre. La paradoja es que esta puede ser nuestra mejor virtud, en tiempos donde la gestión de riesgos tradicional ha llegado a su fin.

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