A medida que los entornos digitales se integran cada vez más en las diferentes esferas de la vida cotidiana, y que la innovación tecnológica supera la capacidad de los Estados para regular sus impactos, emergen nuevos riesgos para los derechos humanos que apenas estamos empezando a ver.
La riqueza y diversidad de los entornos digitales comprende un universo de herramientas tecnológicas como lo son las redes sociales, la inteligencia artificial, las plataformas de servicios de transporte, domicilios, comercio electrónico y banca digital, sistemas de almacenamiento digital e infraestructuras de nube, plataformas de comunicación y contenido multimedia, y la denominada gamificación donde usuarios interactúan a través de avatares en el “metaverso”. Con esta amplia variedad de entornos digitales, y los que faltan por ser inventados, es necesario contar con marcos de actuación claros que promuevan el diseño, implementación y uso responsable de las nuevas tecnologías.
La existencia de “entornos digitales e IA responsables” evita (i) la profundización de brechas digitales y socioeconómicas; (ii) sesgos que conduzcan a prácticas discriminatorias; (iii) riesgos para la privacidad y los derechos del consumidor; (iv) obstaculización de la rendición de cuentas y un adecuado canal de quejas y reclamos; (v) afectaciones a la salud mental; (vi) la desinformación; (vii) posible censura a opiniones legítimas; (viii) la creación y/o propagación de discursos de odio (hate speech) y polarización; (ix) afectaciones a los derechos de los trabajadores por la precarización del empleo debido al “gig work” propio de la economía digital; (x) dejar a personas sin trabajo ni reconversión laboral por cuenta de la automatización; (xi) un costo ambiental oculto, con una huella de carbono y consumo de agua significativos para mantener centros de datos construidos con minerales críticos; entre otros.
Para crear marcos éticos y abordar estos desafíos, es necesario entender cómo se diseñan, desarrollan y utilizan los entornos digitales, y cómo moldean nuestras dinámicas sociales, laborales y ambientales. Por ello, resulta prioritario para CREER habilitar, facilitar y liderar discusiones basadas en la evidencia a partir de investigación, acción e incidencia frente al desarrollo y uso responsable de estas tecnologías.
Así mismo, se hace necesario identificar oportunidades para que las plataformas digitales y la IA generen impactos positivos cuando se desarrollan de forma transparente, ética y centrada en el bienestar colectivo. Tecnologías como la IA pueden ayudar a identificar patrones sociales invisibles, facilitar procesos de transición justa, fortalecer la participación ciudadana, y contribuir a medir y comprender problemáticas sociales y ambientales más allá de los indicadores tradicionales. A partir de enfoques innovadores y metodologías no convencionales, es posible imaginar un futuro donde las plataformas digitales y la IA apoyen las transformaciones sociales responsables y enfocadas en los derechos humanos.
Desde CREER apostamos por una gobernanza tecnológica democrática, responsable y sostenible que conecte las voces de América Latina con el diseño de estas plataformas y la toma de decisiones sobre la materia. Nuestro enfoque busca transformar la IA y otros entornos digitales en herramientas con la capacidad de generar impactos colectivos positivos. El futuro de la agenda de empresas y derechos humanos depende de visibilizar lo invisible, especialmente en lo digital, y de convertir los posibles riesgos en oportunidades para todas y todos.
❝
Se estima
que más del
Se estima que más del
de las empresas en América Latina usan inteligencia artificial en al menos uno de sus procesos, mientras que en Colombia la brecha digital alcanza el 34.4% En un mismo ecosistema, un sector de la población automatiza tareas con IA y otro sigue excluido de lo más básico: la conectividad.
Todos los derechos reservados | Desarrollado por CREER 2024 |
El despliegue acelerado de minerales críticos para la transición energética y otras industrias estratégicas (agricultura, defensa, tecnología) nos sitúa ante una paradoja: la descarbonización del planeta depende de una intensificación de la actividad minera. Para CREER, esta rápida expansión conlleva riesgos críticos en materia de derechos humanos, dinámicas económicas locales y equilibrio ecosistémico. Nuestro trabajo se enfoca en analizar estos dilemas bajo un prisma de transición justa, fomentando marcos de gobernanza que mitiguen los impactos negativos y garanticen que la minería de ‘minerales para el futuro’ se desarrolle bajo estándares rigurosos de sostenibilidad, equidad y respeto por los derechos fundamentales, en diálogo entre diferentes actores.
Analizamos los desafíos de gobernanza y sostenibilidad que surgen en la implementación de modelos de generación descentralizada. Nuestra labor se centra en investigar cómo las estructuras de asociatividad local interactúan con los marcos regulatorios y los estándares de derechos humanos. A través de la investigación aplicada, evaluamos los riesgos de captura de rentas, los conflictos internos de toma de decisiones y las condiciones necesarias para que estos esquemas de autogestión garanticen una participación equitativa y transparente en el territorio.
Con un enfoque basado en la gestión responsable del suelo y el respeto por los medios de vida locales, en CREER aplicamos nuestra experiencia técnica en el sector fotovoltaico para promover una transición solar con integridad social. A través del análisis de entornos rurales, el fortalecimiento de la gobernanza local y el diseño de mecanismos de participación, buscamos que el despliegue de gran escala en América Latina no sólo aporte a la matriz energética, sino que fortalezca el tejido social. Nuestro propósito es liderar modelos de debida diligencia que aseguren que la infraestructura solar coexista con la seguridad alimentaria, los ecosistemas estratégicos y las vocaciones productivas de cada comunidad.