En América Latina, incluyendo países como Colombia, la transición hacia la neutralidad de carbono es una necesidad urgente, impulsada por la demanda global de energía más limpia y la sostenibilidad ambiental. Sin embargo, esta transición no sólo se trata del cierre de minas de carbón y campos petroleros; sino de garantizar que las regiones históricamente dependientes de las industrias extractivas puedan adaptarse a un futuro que promueva la equidad social, la oportunidad económica y el respeto de los derechos humanos. A medida que las industrias extractivas disminuyen, estas regiones enfrentan vulnerabilidades significativas: desempleo, pobreza e inestabilidad social.
Nuestro trabajo en CREER se centra en preparar estas regiones para esta transición hacia afuera (transition out), reconociendo que un legado sostenible debe construirse con y desde las propias industrias extractivas, en colaboración con las comunidades locales y los territorios; y, en últimas para ellos. Para abordar esto, continuaremos generando investigación y construyendo colectivamente conocimiento, fortaleciendo capacidades y facilitando escenarios de diálogo multi-actor. Al fomentar la colaboración para el impacto colectivo entre todos los actores involucrados, buscamos alcanzar acuerdos que contribuyan a una planificación inclusiva y empoderen a las comunidades locales.
A través de estos esfuerzos, contribuiremos a que la transición hacia la carbono neutralidad se convierta no solo en un desafío, sino en una oportunidad para un desarrollo sostenible a largo plazo que respete tanto el medio ambiente, los derechos humanos, como el tejido social en las regiones extractivas en América Latina.
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En América Latina, el
de la matriz energética aún depende de combustibles fósiles, y en países como Venezuela, México y Colombia, estos representan hasta el
de los ingresos fiscales. Las industrias extractivas generan más de 2 millones de empleos directos, y la descarbonización podría afectar a más de 5 millones de personas, lo que hace urgente una transición energética planificada para mitigar impactos económicos y sociales.
Fuente: Naciones Unidas.
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El despliegue acelerado de minerales críticos para la transición energética y otras industrias estratégicas (agricultura, defensa, tecnología) nos sitúa ante una paradoja: la descarbonización del planeta depende de una intensificación de la actividad minera. Para CREER, esta rápida expansión conlleva riesgos críticos en materia de derechos humanos, dinámicas económicas locales y equilibrio ecosistémico. Nuestro trabajo se enfoca en analizar estos dilemas bajo un prisma de transición justa, fomentando marcos de gobernanza que mitiguen los impactos negativos y garanticen que la minería de ‘minerales para el futuro’ se desarrolle bajo estándares rigurosos de sostenibilidad, equidad y respeto por los derechos fundamentales, en diálogo entre diferentes actores.
Analizamos los desafíos de gobernanza y sostenibilidad que surgen en la implementación de modelos de generación descentralizada. Nuestra labor se centra en investigar cómo las estructuras de asociatividad local interactúan con los marcos regulatorios y los estándares de derechos humanos. A través de la investigación aplicada, evaluamos los riesgos de captura de rentas, los conflictos internos de toma de decisiones y las condiciones necesarias para que estos esquemas de autogestión garanticen una participación equitativa y transparente en el territorio.
Con un enfoque basado en la gestión responsable del suelo y el respeto por los medios de vida locales, en CREER aplicamos nuestra experiencia técnica en el sector fotovoltaico para promover una transición solar con integridad social. A través del análisis de entornos rurales, el fortalecimiento de la gobernanza local y el diseño de mecanismos de participación, buscamos que el despliegue de gran escala en América Latina no sólo aporte a la matriz energética, sino que fortalezca el tejido social. Nuestro propósito es liderar modelos de debida diligencia que aseguren que la infraestructura solar coexista con la seguridad alimentaria, los ecosistemas estratégicos y las vocaciones productivas de cada comunidad.