Esta fase exploratoria nos ha permitido tener un primer panorama de las relaciones que hay entre la transición energética y la polarización, especialmente, en relación con temas de (des)información, medios de comunicación, relacionamiento con empresas del sector minero-energético, posiciones políticas y nivel de conocimientos.
A partir de esto, las principales conclusiones clave que podemos identificar en esta encuesta son:
En la región de La Guajira y el Cesar, siendo el epicentro de los proyectos de transición energética en las políticas públicas y agendas gubernamentales del país en los últimos años, se evidencia una significativa incomprensión, desinformación o desconocimiento de los conceptos centrales de este fenómeno.
Por ejemplo, alrededor del 67% de las personas encuestadas no tiene claridad sobre qué significa la transición energética, el 77% no conoce qué es descarbonización y el 72% no conoce qué es fracking.
Asimismo, se evidencian altas expectativas en cuanto a la generación de empleo, la disminución de costos de energía eléctrica y la protección ambiental en el marco de la transición energética, que no necesariamente coinciden con las proyecciones de la ejecución de este tipo de proyectos o políticas.
Como consecuencia, las falsas expectativas pueden ocasionar tensiones, conflictos y la aceptación (o licencia social) o no de los proyectos de transición energética en la zona a mediano y largo plazo.
Los medios de comunicación tienen un rol clave en la transmisión de información a nivel nacional y local. Para este caso, se evidenció que en la región las fuentes de información que más se consumen son las redes sociales y la T.V., paradójicamente, son los medios en los que tienen menor credibilidad y confianza las personas a la hora de informarse sobre la transición energética.
Este alto grado de desconfianza, sumado a los vacíos de información, el poco acceso a fuentes consideradas confiables y a que aproximadamente el 48% de las personas afirma no haber escuchado o leído noticias relacionadas con la transición energética, abre las puertas a la desinformación y reproducción de información sesgada, simplificada e instrumentalizada por diferentes tipos de discursos mediáticos y políticos.
Esto puede desembocar en la formación de opiniones notablemente diferentes o, incluso, opuestas, que implican riesgos para la generación de acuerdos, la comprensión de las problemáticas de manera crítica (se convierte así en una lectura emocional de la situación) y cámaras de eco[1], es decir, la réplica de información afín con ideologías propias.
[1] Medio informativo cerrado que tiene el potencial de magnificar los mensajes que se transmiten dentro de él y aislar de ellos los mensajes disonantes (Jamieson y Cappella, 2010:76).
Ligado a los temas de transmisión de información, las empresas que operan en la región tienen un rol clave. La apertura de espacios y la participación ciudadana en el marco de la transición energética es un factor que puede exacerbar o mitigar los riesgos de la polarización.
Para este caso, cabe anotar que aproximadamente el 55% de encuestados manifiesta que este tipo de espacios tiene un carácter más a modo de socialización y de imposición de ideas, pero no reflejan las demandas o intervenciones de las poblaciones impactadas por este tipo de proyectos.
Esta percepción de cierre de espacios de diálogo puede ocasionar conflictos y tensiones que dificultan la generación de acuerdos en las zonas de influencia de este tipo de proyectos.
Si bien el término polarización no es altamente usado, las personas de la región manifiestan preocupaciones alrededor de los conflictos y fragmentación que la transición energética trae a sus territorios.
Teniendo como base que el 78% de encuestados considera que el país se encuentra polarizado, aproximadamente el 68% manifiesta que la transición energética está dividiendo la vida social, política y económica de la región y casi el 46% dice haber observado conflictos y tensiones sobre la forma en que plantea el proceso de transición energética.
Si se tiene en cuenta estas percepciones de alta división social y política, es posible entrever que este sesgo es un riesgo en cuanto a la apertura al diálogo y comprender al otro desde la diferencia y la legitimidad de sus posturas, se lo ve desde la oposición y el rechazo.
En consecuencia, existe la posibilidad de una polarización afectiva, lo cual puede contribuir a la segregación social y a la dificultad de generar consensos frente a la transición energética.
*Un agradecimiento especial al Programa de Desarrollo y Paz del Cesar y la Guajira, con quienes adelantamos el ejercicio de recolección y análisis de la información de las encuestas en la Guajira en el marco de la Alianza Tejiendo Transformaciones Territoriales (TTT).
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